Opinión

¿Por qué canta el pajarito en su jaula?

¡Que gusto estar de vuelta! Te abrazo a la distancia y realmente deseo que mis palabras puedan ser bálsamo a tu corazón y recordarte que el invierno no dura para siempre. Pronto recordaremos todo aquello que nos hizo fuerte en este tiempo. Saldremos adelante, te lo aseguro, unidos a una sola voz.  Te invito a acompañar la lectura escuchando esta pieza. ¡Gracias por leerme!

¿Por qué canta el pajarito en su jaula?

Hemos cometido el error de pensar que la libertad de un pajarito yace en sus alas llenas de bellos colores que resultan esperanzadores o solemnes.

Hemos erróneamente creído que su mayor fortaleza en la tribulación son sus alas, sus esfuerzos por mantenerlas fuertes, audaces.

Tal vez lo creemos así por encontrar la similitud entre su plumaje con el de los ángeles, los seres brillantes que tocan el cielo y bailan alrededor de Dios.

En realidad, si algún día la tristeza llegáramos a enfrentar, es revelador, como el primer rayo de sol al amanecer, notar que la libertad de dicho pajarito no yace en sus poderosas y sublimes alas, sino en su canto, aquel con el que cuenta su historia, una historia que viene desde el centro de su alma.

El canto del pajarito es lo que lo mantiene vivo, lo mantiene expectante, y aunque su mover haya sido una desdicha, termina siendo una amable caricia para el alma de quien lo escucha entonar aquella melodía, que termina cumpliendo su ciclo, en donde el tormento se transforma para ser arte y alegría.

Yo no he visto ningún pajarito volar y sentirse libre estando dentro de una jaula, pero si he visto como transforma su soledad, dolor, angustia, agonía, desesperación, en un canto que alegra el más desolado corazón, aun teniendo barrotes delante de éste impidiéndole volar, viajar con sus amigas nubes y abrazarlas.  El pajarito llega al cielo con tan solo cantar.

¿Qué si como lo sé?  Porque he sido un pajarito con alas lo suficientemente fuertes para volar y visitar a saturno, con la mirada puesta en las estrellas, con una mente brillante y audaz, con pies ligeros para andar y recorrer los más terribles y temibles desiertos. Mi corazón ha sentido fuego en su interior, trayendo calidez y dirección, enfrentándose a la alegría y al dolor. Lo he tenido todo, aún compañeros viajeros que han ido y venido en el trayecto, compartiendo la misma celda, o he de decir, la misma jaula. Aun así, teniendo todo lo anterior, hubo barrotes, vallas, trabas, cercas y rejas que me impidieron volar, manteniéndome dentro de aquel cascarón con llave, creyendo que duraría hasta el final.

Así que cuando el sol se pone en mi ventana, diciéndome que es hora de empezar una vez más, de levantarme cual gigante, de volver a intentar, mientras alumbra mi sendero, Dios y la vida ponen el ritmo y los pasos del baile y yo, yo pongo la canción, aquella que viene de lo más profundo de mi alma, la que cuenta mil y una historias, y en todas ellas los matices de las memorias más profundas de mi interior se asoman. Mi alma entona la canción y yo solo me dejo llevar hasta el lugar en donde se que mi fe, el amor, las historias que se entretejen en mi corazón, y mi plumaje lleno de color me harán sanar, me traerán fuerza, me traerán libertad.

Cierro mis ojos y escucho desde mi interior

Las tonadas que acompañaban el suave canto de mi abuelo acompañado de los acordes de su mágica guitarra.

El llanto de aquellos que han perdido a un ser querido, que se les ha desvanecido entre los brazos, que se los ha llevado el tiempo, la distancia, las circunstancias tan deplorables en las que vivimos.

Las tonadas de mi abuela al protegerme del mundo con su abrazo en su mecedora. Las oraciones de mi madre entonadas en una dulce melodía justo antes de irme a dormir, en donde me recordaba que estaríamos juntas en lo largo de la eternidad, que los ángeles vendrían y a mi lado acamparían.

Las voces unidas de muchas almas por la injusticia, que gritan a una sola voz, que claman ser escuchadas y comprendidas, que ruegan porque el hombre encuentre el sentido de humanidad dentro de sí.

Los divertidos sube y bajas en las notas de mi padre al tratar de enamorar a su amada, o por lo menos hacerla reír.

El silencio de los más pobres, los pobres de espíritu. Aquellos quienes han firmado un contrato de esclavitud y han vendido su alma a los vicios, al ocio. Sus lenguas hablan desesperanza y predican la amargura que fluye desde lo más íntimo de su corazón.

También escucho los pasos, que marchan al mismo ritmo, que simulan la fuerza del sonido de un tambor. Tambor de guerra. Los pasos que marchan abriendo camino, como ejército unido. Cual locomotor, yendo a cumplir su destino, con fuerza, unión, entereza, comunión. Todos marchando como un solo cuerpo. Luchando por traer vida a lo que yace muerto.

Todo esto y los llantos, las risas, los secretos, las anécdotas, las travesías, las miradas, los recuerdos que perduran y aún la presencia de cada ser que me ha acompañado a lo largo de mi vida; unos navegan desde la mente, otros del corazón, pero todas van al alma para ser uno solo y solo uno, solo una, una canción.

Cuando me escuches cantar, espero sepas que soy libre y estoy preparándome para emprender vuelo. Cuanto te vea cantar, cantaré contigo, entonaremos melodías y veremos al sol brillar. Aun cuando éste este por dormir, no temeremos a su ausencia, por que aun a la luna cantaremos, y la arrullaremos, y las estrellas bailarán sobre nuestras cabezas. Te digo, lo haremos.

Es fácil cantar en la primavera cuando las flores abundan y los colores pasteles perduran, pero nosotros no cantaremos solamente en la primavera, nosotros cantaremos cada vez que el sol se levante, porque nos levantaremos con él y no pereceremos, pues nuestra esperanza no está en las estaciones, nuestra esperanza no está ni siquiera en la capacidad de nuestras alas, nuestra esperanza está en vivir cada día para entonar una nueva melodía. Tal vez nos hagamos leyendas entre las aves, tal vez canten las canciones que nosotros cantamos, las de libertad en medio de la cautividad, las de la esperanza en la oscuridad, las de fuerza en la desolación, las de amor en la soledad y las de alegría en tiempos de lluvia.

Lo haremos porque nuestra libertad no dependerá de nuestros cuerpos o del tiempo, o del clima, o del desierto, nuestra libertad dependerá siempre de nuestro espíritu y nuestro espíritu será eterno.

*Inspirado en el título de la obra de «Maya Angelou» y particularmente en las voces que me acompañan en mi día a día recordándome que el amor de familia es para siempre y que en nuestra sangre fluye el arte de salir adelante a través de la música, el canto, el baile, la poesía, todo lo que hace  a un trovador.  

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