Opinión

NO.

Una declaración de resiliencia, fuerza y esperanza.

¡Que gusto estar de vuelta! Te animo a leer este artículo pensando en todas las mujeres que has admirado a lo largo de tu vida, reconociendo lo que han aportado a tu vida. Recomiendo acompañar tu lectura con esta melodía:

Tú, al que no he decidido amar, tú que consideras que tienes algún derecho sobre mí y sobre mi cuerpo aun sin mi consentimiento, no sexualices mi pecho. Que son las dos montañas que protegen al sol que llevo dentro. Que con él he nutrido y fortalecido la vida de todo ser humano desde el principio de nuestra existencia.

No me tomes de los brazos para sacudir mi vida. Tus dedos oprimiendo mi piel, magullándola al mismo tiempo que quiebras mi corazón.  Porque son mis brazos el sustento de los corazones de la raza humana. El refugio de muchos. Lo que da calor al cuerpo del otro.  Lo que transmite paz, alegría, y fortaleza en mis abrazos de amiga, hermana, hija y madre.

No me tomes de las manos para estrangularlas mientras me estrellas contra la pared queriendo demostrar tu fuerza natural de hombre, el poder que crees tener sobre mí.  Mis manos acarician el rostro de mi madre. Mis manos secan las lágrimas de mis hermanas. Mis manos toman las manos de mi padre en la tempestad. Mis manos me han permitido conocer, palpar, y conectar con el corazón que late al mismo ritmo que el mío, esa pequeña vida que llevo dentro.  Mis manos toman el pincel para pintar la puerta de mundos mágicos a donde escapar. Mis manos se entrelazan para ser un soporte y sostener mi cabeza cuando la inclino ante Dios. Porque mis manos son santas. Mis manos son las que ayudan a proyectar en papel y tinta las emociones que se apoderan de mi alma, son las que, con un suave, pero a la vez, firme y decidido ritmo se dedican a crear magia del caos que yace en mi interior.

Tú, al que no he decidido amar, tú que consideras que tienes algún derecho sobre mí y sobre mi cuerpo aun sin mi consentimiento, no observes mis piernas, las ensucias con tu mirada. Mis hermosas y maravillosas piernas, mis columnas de fuerza, de resiliencia, de poder y de amor. Las que me permiten correr tan fuerte que a veces pienso que puedo volar. Correr y huir de tus palabras que asfixian, de tu lengua cual serpiente que se enreda poco a poco en mi torso, dejándome sin aliento, llenándome de tu veneno. Correr y escapar. Correr y llegar. Correr y soñar. Correr y ser libre. Mis piernas fuertes, el eje de mi mundo constantemente en movimiento, de mi mundo turbulento. Mis piernas, las que me permiten mantenerme de pie y andar como gigante, las que me permiten bajar y ver a un niño a los ojos y pertenecer a su delicado y especial mundo. Las que me permiten contar historias a través de la danza.

Tú, al que no he decidido amar, tú que consideras que tienes algún derecho sobre mí y sobre mi cuerpo aun sin mi consentimiento, no pienses ni siquiera en acercarte a mi entrepierna, que es sagrada. Que de ahí he dado luz al mundo. Ha sido la puerta del hogar de muchas vidas. De ahí han salido los más reconocidos y alabados personajes de la historia, y también han salido seres que sucumbieron ante la oscuridad y lo perverso, ante su instinto animal.  Por la gloria divina he podido dar vida a este mundo que yace en tinieblas, traer esperanza y fortaleza. Nuevas mentes, nuevas manos, nuevas almas con nuevas ideas. Con dolor y sacrificio he formado imperios que han causado mi muerte. Con dolor y sacrificio mi cuerpo se desfigura por nueve meses y sangra mensualmente.

Y mientras tu escribes tu historia de gladiador, mis pies se hunden cautelosamente en la tierra y la tierra me reconoce. La tierra me adopta, me nutre, me fortalece, y cuida de mí. La tierra me reconoce como parte suya y me abraza. Y un día, el día que menos pensaste, quieres enredarme en tu red de palabras puntiagudas y filosas cual dagas para clavar en mi alma y mis oídos no te escuchan. Un día tus arranques de locura y violencia no tienen cabida en mi vida, el cerrojo de mi corazón está completamente fortalecido, no eres capaz de adentrarte en mi mundo. Todo esto te enoja, te da rabia. Tu fuerza de hombre ya no basta, tus palabras marchitas no bastan, tu juego de manipulación y opresión no bastan para quebrarme.

Quieres derribarme y no puedes, porque en la ausencia de amor, cuidado, respeto y presencia, mis pies han echado raíces profundas cual cactus en desierto y el sol ya no me quema, el sol me nutre. Al parecer el cielo escuchó mis plegarias y todas las lágrimas que derramé son ahora el manantial que me hidrata. El dolor que quemaba en mi interior terminó consumiéndome por dentro y el día que pensé que moría, volví a la vida. De las cenizas, volví a nacer y el fuego que aviva mi alma ya no es el del dolor, es el de la fuerza que el dolor me dio, el de valentía, coraje, y determinación, tal cual el fuego de una guerrera. Me sigues viendo igual de pequeña, y te preguntas “¿POR QUÉ?”. Te diré la respuesta: por mi voluntad, mi amor por la vida en sí, por mí misma. Se ensancharon mis raíces debajo de la tierra, donde solamente Dios sabe su propósito y de su existencia. Y comencé a florecer, a crecer y sentirme más viva, porque soy flor que florece en la adversidad.  Nueva criatura soy. Muerta por las manos en búsqueda de poder, viva por todo lo que me hace ser mujer.

La delicadeza de mi andar no me hace débil, me vuelve nube, algo celestial. La furia en mi interior no me hace bestia, me hace buscar justicia. Mis labios no me hacen un ser besable, me hacen ser protestante del amor que busco, del respeto que se perdió hace siglos, de la vida que llevo buscando como imperio perdido en las profundidades del océano. Mi Atlantis.

Mi cuerpo de mujer no me hace diosa, me hace humana. Perfectamente imperfecta. Llena de una luz especial, la misma luz que vieron hace siglos y causó terror, solamente por no ser igual a la tuya. Porque soy diferente, y todo lo que es diferente al hombre le asusta y se ve en la necesidad de domarlo, de conquistarlo.

Mi lucha no es contra el hombre. Nadie te hizo protagonista. Mi lucha es contra los titanes de filosofías y pensamientos que se han dedicado a crear por lo largo de los siglos. Los que matan, destruyen, atormentan y violentan a mi género. Que impiden el paso de nuestra marcha.

Con fortuna espero, que un día, después de años de reflexión, mucho conocimiento y mucha más conciencia, podamos juntos poner fin a la guerra. Pero mientras llega ese tiempo, nosotras estaremos peleando nuestra batalla, estaremos de pie, juntas, abriéndonos paso por el mundo. Sembrando conocimiento, esperanza, amor, fuerza y perseverancia en las generaciones que nos siguen.  Renovaremos y fortaleceremos nuestro lazo, después de años de hacernos ver como enemigas a causa tuya. Formaremos un mundo lleno de equidad, esperanza, justicia y respeto, con fortuna con tu ayuda.

Si un día lo comprendes, no cantes nuestras canciones, no marches nuestro andar, no leas ante nosotras tu gran testamento, solamente derriba los muros que tus antecesores se dedicaron a levantar ante nosotras. Ábrenos la puerta para emprender un camino seguro, el camino que nos lleve a conseguir vivir en la dignidad y con base en el esfuerzo que nos empeñamos en poner en nuestros trabajos. Reconoce nuestro andar. Aplaude nuestras victorias y enséñales a tus hijos el verdadero significado de ser hombre. Déjanos brillar conforme nuestra propia naturaleza, como el sol muere cada noche para que la luna adorne el cielo.  Haz uso de tu lugar de privilegio para expandir nuestra historia, haz uso de tu fuerza para fortalecer puentes y ayudarnos a llegar más lejos, porque solas no podemos, solas tardaríamos muchísimo más tiempo en hacerlo, y tiempo es lo único que no tenemos. El tiempo está en nuestra contra, entre más tiempo tardemos, más hermanas desaparecen, mueren y su integridad puede ser violentada. Porque no es una lucha de un solo género, es una lucha que involucra a todo aquel que sea denominado ser humano.

Al contrario de lo que conocemos en las historias, el verdadero amor que me levantó de un profundo sueño no fue el beso de un hombre, fue un clamor de guerra. Fue escuchar a mis hermanas cantar, gritar, protestar, llorar. Unidas.

Lo hacían por mí y por todas las que dormían al mismo tiempo que yo.

Al salir de la gran torre en la que me encontraba atrapada, el dragón no era mi más grande peligro, era mi más grande amiga. Otra guerrera lastimada, echada al fuego por su inteligencia, una mujer declarada bruja y quemada en una hoguera por ser considerada peligrosa para el estatus del hombre, cuál fénix renacido del fuego que empezaron para incendiarla, ahora el fuego que yace en su alma y la mantiene viva. Ella era quien protegía mi torre para evitar que falsos amores se acercarán y se dieran el lujo de besarme o tocarme solamente porque yacía dormida, porque permanecía inconsciente. Un alma realmente amiga. Una mujer fuerte que sabe lo que es sufrir por lo que somos y se dedica a ayudar y proteger a otras para evitar que sufran los mismos dolores, y peligros que ella.

En mi corazón siempre ha estado el anhelo de ser parte de un movimiento estruendoso, de una marcha importante para la humanidad, de una canción que sea himno de solidaridad. Formar parte de una revolución grande, que inspire a mis pies y a los de otros a que se mantengan firmes, dando pisadas con determinación, perseverancia y valentía.

Hoy descubrí que mi vida, mis pensamientos, mi andar, mi seguridad, mi misma existencia es una revolución. Gracias a la vida, gracias a Dios por que ser lo que soy es peligroso, pero ser lo que soy trae esperanza, y ¿qué sería de la raza humana sin ella?

Escribamos más historias de guerreras, y no de princesas. Yo no quiero ser parte de un cuento de hadas, quiero ser parte de la historia como Manuela Saénz, Rosa Parks, Marie Curie, Simone de Beauvoir, Malala Yousafzai, Virginia Woolf y otras muchas grandes mujeres.

Hoy no cuento mi historia, cuento la historia de la mujer indígena violentada por conquistadores reclamando tierras ajenas y a ellas como parte de su propiedad. Cuento la historia de las miles de mujeres europeas que se vieron forzadas a unirse en matrimonio con hombres que no amaban y la de aquellas que se les negó una vida digna por ser consideradas inferiores para el hombre de quienes estaban enamoradas, obligándolas a vivir en las sombras. Cuento la historia de jóvenes guerreras buscando conocimiento, buscando salir del estereotipo marcado para ellas, jóvenes que fueron quemadas en la hoguera como Joana de Arco. Mujeres que han sido violentadas por el hombre que juró amarlas y respetarlas toda la vida, permaneciendo firmes en su hogar para salvar la vida de sus hijos. Mujeres que invirtieron y perdieron su vida buscando que nuestra voz y nuestro voto fuera validado. Niñas que han sido vendidas a extranjeros por sus familias para tener con que comer. Mujeres utilizadas para monetizar con sus cuerpos. Mujeres que han sufrido una vida de opresión, que se les ha negado el derecho a la educación, a la salud. Mujeres a quienes se les ha negado la oportunidad de ser seres humanos y han sido convertidas en objetos. Mujeres que han sido aclamadas por su belleza y no por su espíritu, por las grandes cualidades que las hacen ser tan especiales como son.

Entonces no. No me aprisiones en mi cuerpo hermoso y terrenal de mujer, porque nací para ser más que eso: nací para ser ecléctica, libre, revolucionaria, inteligente, mágica, guerrera, exploradora, astronauta, trovadora, fuerte, capaz, completa, líder, audaz, tenaz y muchas cosas más que aun me quedan por descubrir.

Gracias a mis padres por enseñarme a ser una mujer valiente, ayudarme a ver el mundo a través de sus ojos, y tener la paciencia para instruirme. Por alentarnos a mi hermana y a mí a ser humanas más que mujeres, guerreras más que princesas. A esperar en Dios nuestra victoria más que en las hazañas de un hombre. 

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